lunes, 12 de diciembre de 2011

Edimburgo (Día 1)

Como esto va a ser muy largo, voy a dividir en varias entradas la estancia en Edimburgo. Ha sido un fantástico viajecillo que nos ha permitido descubrir una ciudad muy bonita en buena compañía y a un precio de lo más razonable. Muchas gracias a Sofía que nos ha acogido  y guiado desinteresadamente, a su hermano Antonio que nos ha soportado con gran entereza (pese a nuestra ornitofilia, fotofilia y frikismofilia), y a Antón, que nos ha invitado, acogido, guiado, cuidado, mimado y querido. Y a Sonia, cuya ilusión por cada pequeña tontería (como un dispensador de vasos para gominolas) es una lección y un regalo dignos de ver y disfrutar.

Como ya pone en el título... por partes, en esta entrada contaré sólo como fue el viaje y el aterrizaje en Edimburgo.

Salimos de casa a la 1. Pese a que nuestro vuelo no salía hasta las 16:20, no queríamos llegar tarde. Ya en el aeropuerto tuvimos tiempo de sobra para perdernos un poco y pagar 10 euros por un bocadillo y una cocacola. Nos encontramos con Antonio y el vuelo transcurrió sin problemas ni retrasos. Disfrutamos del ocaso en el avión y de la vista de las ciudades iluminadas desde el cielo. Llegamos a Edimburgo a la hora previsa, y al momento llegó Antón a recogernos. Un autobús nos llevó hasta el centro de la ciudad (mientras Antón nos contaba qué estabamos viendo) y fuimos a instalarnos.

Después de dejar las maletas, salimos a dar una vueltecilla y cenar fuera, visitamos un bonito pub, que tiempo atrás hubo sido una iglesia, y luego cenamos en un restaurante italiano. Yo, poco acostumbrado a moverme, estos días he generado un hambre desmedida, así que todas las comidas me han parecido muy buenas, esta la primera, una pizza artesanal muy rica.

Volvimos a casa, y como estábamos cansados, y al día siguiente teníamos que madrugar, nos acostamos pronto. Como no saqué la cámara de la maleta, no tengo fotos que ilustren el primer día.

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